Cerca de un arroyo de agua fresca, había un pequeño bosque. Los árboles eran muy variados. Ellos invertían sus energías en ser más altos y grandes, con flores y perfumes, pero quedaban débiles y tenían poca fuerza para echar raíces.
El laurel dijo:
"Yo mejor, voy a invertir mi savia en tener buena raíz, así creceré y podré dar mis hojas a todos los que las necesiten".
Los otros árboles estaban muy orgullosos de ser bellos.¡En ningún lugar había tantos colores y perfumes! Y no dejaban de admirarse los unos a los otros, riéndose de los demás.
El laurel sufría a cada instante esas burlas. Se reían de él, avasallándolo con sus flores y perfumes, agitando el frondoso follaje.
¡Laurel!...le decían- ¿para qué quieres tanta raíz? ¡Míranos! Todos nos alaban porque tenemos poca raíz y mucha belleza.¿Deja de pensar en los demás! ¡Preocúpate sólo de ti!
Pero el laurel estaba convencido de lo contrario, deseaba amar a los demás y por eso tenía raíces fuertes.
Un día, arreció una gran tormenta sobre el bosque. Los árboles más grandes, los más frondosos se vieron fuertemente golpeados, y no pudieron evitar que el viento los tumbara.
En cambio, el pequeño laurel, como tenía pocas ramas y mucha raíz, apenas, perdió algunas hojas.
Desde ese momento, todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos difíciles, no son las apariencias, sino lo que está oculto en las raíces, dentro de tú corazón. Allí en tú alma.
lunes, 24 de mayo de 2010
El cuento de la gota de agua
Érase una vez una gota de agua que cayó del cielo, mojó la copa de un árbol del bosque, viajó tronco abajo y, por la cofia de su raíz principal, llegó hasta el subsuelo; luego, siguió filtrándose por entre tierra, arena y piedras, hasta llegar a un acuífero.
Un día, con otras mil más, entró en un pozo, tropezó con un cubo y, en él, subió hasta su boca. El cubo fue trasladado a una casa y, ahí, la gota de agua, con otras mil más, fue echada de una vez a la taza de un vulgar «sanitario».
La gota, sucia entonces, viajó por kilómetros de alcantarillas hasta llegar al mar; ahí se calentó, se evaporó, ascendió a una nube y, un día, cayó al suelo del desierto. Se repitió el proceso muchas veces, pero nunca volvió a mojar la copa de un árbol del bosque, porque el bosque había desaparecido.
Feliciano Pla Xiberta
Un día, con otras mil más, entró en un pozo, tropezó con un cubo y, en él, subió hasta su boca. El cubo fue trasladado a una casa y, ahí, la gota de agua, con otras mil más, fue echada de una vez a la taza de un vulgar «sanitario».
La gota, sucia entonces, viajó por kilómetros de alcantarillas hasta llegar al mar; ahí se calentó, se evaporó, ascendió a una nube y, un día, cayó al suelo del desierto. Se repitió el proceso muchas veces, pero nunca volvió a mojar la copa de un árbol del bosque, porque el bosque había desaparecido.
Feliciano Pla Xiberta
La leyenda de los árboles
Había en lo alto de la montaña tres árboles jóvenes, que soñaban con frecuencia, que serían cuando fuesen mayores.
-El primero de ellos mirando a las estrellas, dijo: Yo quiero ser el cofre más valioso del mundo, lleno de tesoros.
-El segundo mirando al río suspiró: Yo quiero ser un barco, para cruzar el océano y llevar a reyes y a reinas.
-El tercero mirando hacia el valle añadió: Yo solo quiero ser árbol. Quiero quedarme en lo alto de la montaña y crecer tanto que cuando miren hacia aquí, las personas levanten sus ojos y piensen en Dios.
Pasaron muchos años y un buen día vinieron los humanos y cortaron los árboles, que estaban tan ansiosos por hacer realidad sus sueños. Pero los leñadores, no acostumbran a escuchar ni a perder el tiempo con sueños. El primer árbol, fue vendido y acabó transformado en un carro de animales, para transportar estiércol.
Del segundo árbol, se hizo un sencillo barco de pesca, que cargaba personas y peces todos los días. El tercer árbol, fue troceado en tablones y apilado en un almacén municipal de suministros.
Decepcionados y tristes al verse así unos y otros se preguntaban:
Porqué esto ¿Para que estamos aquí? Se acabaron los sueños.
Pero una noche, llena de luz y de estrellas, una joven mujer colocó a su bebé recién nacido, sobre el carro de animales. Y de repente el primer árbol, se dio cuenta de que llevaba sobre sí, el mayor tesoro del mundo.
El segundo árbol, acabó un día transportando a un hombre que terminó durmiendo en su seno; cuando se levanto la tempestad y quiso hundir la barca, aquel hombre se irguió y dijo: Paz. En aquel instante, el segundo árbol comprendió, que estaba llevando al rey de cielo y tierra.
Años mas tarde, a la hora de sexta, el tercer árbol se estremeció cuando los tablones fueron unidos en forma de cruz y un hombre fue clavado en ellos. Por unos instantes se vio indigno y cruel. Pero cuando amaneció el domingo, el mundo se llenó de inmensa alegría. Y el tercer árbol comprendió, que en él habían colgado a un hombre salvación para el mundo y que al mirar el árbol de la cruz, las personas se sentirían infinitamente amadas por Dios y por su Hijo.
Aquellos árboles, habían abrigado sueños y deseos; pero la realidad había sido mil veces, más hermosa de lo que jamás, habían podido imaginar.
Autor: (M. Mckenna)
-El primero de ellos mirando a las estrellas, dijo: Yo quiero ser el cofre más valioso del mundo, lleno de tesoros.
-El segundo mirando al río suspiró: Yo quiero ser un barco, para cruzar el océano y llevar a reyes y a reinas.
-El tercero mirando hacia el valle añadió: Yo solo quiero ser árbol. Quiero quedarme en lo alto de la montaña y crecer tanto que cuando miren hacia aquí, las personas levanten sus ojos y piensen en Dios.
Pasaron muchos años y un buen día vinieron los humanos y cortaron los árboles, que estaban tan ansiosos por hacer realidad sus sueños. Pero los leñadores, no acostumbran a escuchar ni a perder el tiempo con sueños. El primer árbol, fue vendido y acabó transformado en un carro de animales, para transportar estiércol.
Del segundo árbol, se hizo un sencillo barco de pesca, que cargaba personas y peces todos los días. El tercer árbol, fue troceado en tablones y apilado en un almacén municipal de suministros.
Decepcionados y tristes al verse así unos y otros se preguntaban:
Porqué esto ¿Para que estamos aquí? Se acabaron los sueños.
Pero una noche, llena de luz y de estrellas, una joven mujer colocó a su bebé recién nacido, sobre el carro de animales. Y de repente el primer árbol, se dio cuenta de que llevaba sobre sí, el mayor tesoro del mundo.
El segundo árbol, acabó un día transportando a un hombre que terminó durmiendo en su seno; cuando se levanto la tempestad y quiso hundir la barca, aquel hombre se irguió y dijo: Paz. En aquel instante, el segundo árbol comprendió, que estaba llevando al rey de cielo y tierra.
Años mas tarde, a la hora de sexta, el tercer árbol se estremeció cuando los tablones fueron unidos en forma de cruz y un hombre fue clavado en ellos. Por unos instantes se vio indigno y cruel. Pero cuando amaneció el domingo, el mundo se llenó de inmensa alegría. Y el tercer árbol comprendió, que en él habían colgado a un hombre salvación para el mundo y que al mirar el árbol de la cruz, las personas se sentirían infinitamente amadas por Dios y por su Hijo.
Aquellos árboles, habían abrigado sueños y deseos; pero la realidad había sido mil veces, más hermosa de lo que jamás, habían podido imaginar.
Autor: (M. Mckenna)
miércoles, 12 de mayo de 2010
Adivinanzas
¿Qué es una cosa de 4 letras con pelos por fuera
y húmeda por dentro;
empieza con "c"
y acaba en "o"?
El coco
Quién es
el que bebe por los pies?
El árbol
En blanco pañal nací
en verde me transformé,
fue tanto mi sufrimiento
que amarillo me quedé.
El limón
Oro no es,
plata no es,
abrí la cortina,
sabrás lo que es.
El plátano.
Arca, monarca,
llena de placer;
ningún carpintero
te ha sabido hacer.
La almendra
Una vieja corcoveta
tuvo un hijo enredador,
unas hijas buenas mozas
y un nieto predicador.
La viña
Símil y serva cantaba la perra,
un arbolito de esta manera,
con muchas frutitas
amarillas por dentro,
amarillas por fuera.
El ciruelo
Una vieja jorobada tuvo un hijo enredador,
unas hijas muy hermosas
y un nieto predicador.
La parra, el sarmiento y la uva
Altos padres,
chicas madres,
hijos prietos y blancos nietos.
Pinos, piñas y piñones.
Arca chiquita,
de buen parecer,
ningún carpintero la ha podido hacer,
sino Dios con su poder.
La nuez
Un huevecito prieto,
con su huevero,
y que tiene muy alto el ponedero.
La bellota
Es tanto mi poderío,
que si mil hijos tuviera,
a cada cual su corona
le pondría en la cabeza.
El granado
Fui al campo,
y corté un palo que no tenía ni un geme de largo;
hice dos mesas,
dos artesas y un canastito para coger cerezas.
La bellota
y húmeda por dentro;
empieza con "c"
y acaba en "o"?
El coco
Quién es
el que bebe por los pies?
El árbol
En blanco pañal nací
en verde me transformé,
fue tanto mi sufrimiento
que amarillo me quedé.
El limón
Oro no es,
plata no es,
abrí la cortina,
sabrás lo que es.
El plátano.
Arca, monarca,
llena de placer;
ningún carpintero
te ha sabido hacer.
La almendra
Una vieja corcoveta
tuvo un hijo enredador,
unas hijas buenas mozas
y un nieto predicador.
La viña
Símil y serva cantaba la perra,
un arbolito de esta manera,
con muchas frutitas
amarillas por dentro,
amarillas por fuera.
El ciruelo
Una vieja jorobada tuvo un hijo enredador,
unas hijas muy hermosas
y un nieto predicador.
La parra, el sarmiento y la uva
Altos padres,
chicas madres,
hijos prietos y blancos nietos.
Pinos, piñas y piñones.
Arca chiquita,
de buen parecer,
ningún carpintero la ha podido hacer,
sino Dios con su poder.
La nuez
Un huevecito prieto,
con su huevero,
y que tiene muy alto el ponedero.
La bellota
Es tanto mi poderío,
que si mil hijos tuviera,
a cada cual su corona
le pondría en la cabeza.
El granado
Fui al campo,
y corté un palo que no tenía ni un geme de largo;
hice dos mesas,
dos artesas y un canastito para coger cerezas.
La bellota
La virgen del árbol
"Vivió en Chikindzonot una familia rica que era muy buena con los demás en el pueblo. La gente los quería y respetaba. El señor y la señora iban todos los días a misa y ayudaban a los pobres. Un día apareció en el pueblo una señora muy pobre pero muy bonita, con un niño. Era de tarde y nadie sabía de dónde habían venido, porque esa vez no llegó ningún carruaje al pueblo. La señora con su hijo, de uno o dos años, fue a la iglesia y ahí estuvo hasta que iban a cerrar.
El padre no estaba ese día en el pueblo, por lo que el sacristán no sabía qué hacer. Esa familia muy buena supo lo que ocurría y el señor y la señora fueron a la iglesia. Cuando llegaron quedaron asustados por lo bonita que era la señora que había llegado al pueblo. Las ropas de su hijo eran muy pobres y casi no tenían color, los pañales del niño eran amarillos y blancos y el vestido de la señora, azul con morado.
Los señores del pueblo invitaron a la señora a ir a su casa, para que ella y su hijo comieran y durmieran allá, y para que no tuviesen frío en la noche, porque era diciembre. Ellos le preguntaron su nombre y dónde iba, pero sólo contestó que iba a Valladolid, porque allá vivía. Ellos le dieron ropa y telas nuevas para pañales del niño, y le dijeron que al otro día iban a ir a Valladolid y que la podían llevar. Ella les dio las gracias y todos se acostaron a dormir. Al otro día, muy temprano, cuando despertaron vieron que la señora y su hijo no estaban, los buscaron en todo el pueblo pero nadie los había visto, ni había oído llorar el niño. Las ropas y telas que les habían dado estaban en la casa, dobladas muy bien. Extrañados, los señores se prepararon para su viaje a Valladolid y se fueron. Como eran ricos, tenían su carruaje.
No habían avanzado mucho cuando el señor le dijo a su mujer: 'Mira en ese árbol'. Se bajaron de su carruaje, y en un chakaj blanco, donde estaba cortada una rama del tronco, no muy alto del suelo, estaba una imagen de la Virgen con el Niño abrazado. Los señores reconocieron a la señora que había llegado al pueblo, y vieron que las ropas de ella y del niño eran las mismas con las que habían llegado al pueblo, pero ya estaban bonitas, las de la Virgen azul con morado y los pañales del Niño, amarillos y blancos. Los señores regresaron con la imagen al pueblo, y todos les hicieron muchas misas. La llevaron un tiempo a Valladolid, pero luego la devolvieron a Chikindzonot; después, cuando hubo la guerra y todos se fueron del pueblo, y el monte creció en las casas y tiró el techo de la iglesia, la imagen se perdió. Cuando regresaron luego de muchos años ya nadie se acordó de la Virgen del Arbol, que se apareció cerca de Navidad".-
Indalecio CARDEÑA VAZQUEZ
El padre no estaba ese día en el pueblo, por lo que el sacristán no sabía qué hacer. Esa familia muy buena supo lo que ocurría y el señor y la señora fueron a la iglesia. Cuando llegaron quedaron asustados por lo bonita que era la señora que había llegado al pueblo. Las ropas de su hijo eran muy pobres y casi no tenían color, los pañales del niño eran amarillos y blancos y el vestido de la señora, azul con morado.
Los señores del pueblo invitaron a la señora a ir a su casa, para que ella y su hijo comieran y durmieran allá, y para que no tuviesen frío en la noche, porque era diciembre. Ellos le preguntaron su nombre y dónde iba, pero sólo contestó que iba a Valladolid, porque allá vivía. Ellos le dieron ropa y telas nuevas para pañales del niño, y le dijeron que al otro día iban a ir a Valladolid y que la podían llevar. Ella les dio las gracias y todos se acostaron a dormir. Al otro día, muy temprano, cuando despertaron vieron que la señora y su hijo no estaban, los buscaron en todo el pueblo pero nadie los había visto, ni había oído llorar el niño. Las ropas y telas que les habían dado estaban en la casa, dobladas muy bien. Extrañados, los señores se prepararon para su viaje a Valladolid y se fueron. Como eran ricos, tenían su carruaje.
No habían avanzado mucho cuando el señor le dijo a su mujer: 'Mira en ese árbol'. Se bajaron de su carruaje, y en un chakaj blanco, donde estaba cortada una rama del tronco, no muy alto del suelo, estaba una imagen de la Virgen con el Niño abrazado. Los señores reconocieron a la señora que había llegado al pueblo, y vieron que las ropas de ella y del niño eran las mismas con las que habían llegado al pueblo, pero ya estaban bonitas, las de la Virgen azul con morado y los pañales del Niño, amarillos y blancos. Los señores regresaron con la imagen al pueblo, y todos les hicieron muchas misas. La llevaron un tiempo a Valladolid, pero luego la devolvieron a Chikindzonot; después, cuando hubo la guerra y todos se fueron del pueblo, y el monte creció en las casas y tiró el techo de la iglesia, la imagen se perdió. Cuando regresaron luego de muchos años ya nadie se acordó de la Virgen del Arbol, que se apareció cerca de Navidad".-
Indalecio CARDEÑA VAZQUEZ
El árbol mágico
En el centro de una placita, en el pueblo, había un precioso árbol. El árbol tenía ramas muy largas para los costados y también para arriba. Parecía un poquito unos brazos locos que invitaban a los niños a subirse a él.
Pero el árbol, que ya era muy viejito, porque tenía 103 años, estaba un poquito triste. Resultaba ser, que de tan abuelito que era, de tan tan pero requete tan gordo que estaba - Había bebido mucha lluvia decían - , le pusieron una cerca a su alrededor...con un cartel. Pero como el no sabía leer... Estaba más y más triste porque era un abuelito sin la alegría de sus chiquitos.
Un día escuchó el árbol - porque saben oír muy bien ellos, eh! - que alguien leía el cartelito:
- Árbol centenario. Monumento histórico nacional. Plantado por.....
Pero al árbol no le interesaba nada esas cosas, el quería oír risas y sentir cómo se trepaban los chicos... oir los secretos que le contaban... pero no le gustaba nada cuando las personas grandes le hacían daño, escribiéndolo o rompiéndolo.
Tanto tiempo había pasado... que el árbol ya se había cansado de esperar.
Cuando esa tarde de primavera, un chiquito, de unos 10 años, pasó la cerca! Qué contento se puso el árbol...! Tanto, que escuchen bien lo que pasó:
El chiquito fue a buscar a otro amigo para no estar tan solito. Treparon a una rama que iba para el costado del sol y se quedaron recostados contándose cosas... pequeños secretos de cosas que les gustaría hacer.
El árbol escuchaba todo y se reía con sus hojas alegres. Entonces pensó que sería una linda idea hacer un poquito de magia.
El chiquito que primero había trepado se llamaba Guillermo, el otro Agustín. Guillermo le contó a Agustín que él quería poder ganar muchas veces a las bolitas para que Jorge no se riera más de él en el colegio, y así Carlota se haría su amiga.
Al día siguiente misteriosamente, Guillermo ganó en todos los recreos a las bolitas y Carlota le dijo que lo había hecho muy bien y le regaló una bolita preciosa. Guillermo estaba muy contento y guardó esa bolita como "la bolita de la buena suerte"
Esa misma tarde, después del cole, fue saltando y cantando de alegría al árbol, a encontrarse con Agustín y le contó todo lo que pasó.
Así, el árbol escuchó todo y estaba muy feliz, ahora se reía muy fuerte con sus ramitas y sus hojas... - La magia funcionó! se dijo el árbol.
Agustín también le contó lo que quería hacer con muchas ganas y fue así como el árbol abuelito se convirtió en el ÁRBOL MÁGICO, el que concedía los sueños.
Escrito por RJ
Pero el árbol, que ya era muy viejito, porque tenía 103 años, estaba un poquito triste. Resultaba ser, que de tan abuelito que era, de tan tan pero requete tan gordo que estaba - Había bebido mucha lluvia decían - , le pusieron una cerca a su alrededor...con un cartel. Pero como el no sabía leer... Estaba más y más triste porque era un abuelito sin la alegría de sus chiquitos.
Un día escuchó el árbol - porque saben oír muy bien ellos, eh! - que alguien leía el cartelito:
- Árbol centenario. Monumento histórico nacional. Plantado por.....
Pero al árbol no le interesaba nada esas cosas, el quería oír risas y sentir cómo se trepaban los chicos... oir los secretos que le contaban... pero no le gustaba nada cuando las personas grandes le hacían daño, escribiéndolo o rompiéndolo.
Tanto tiempo había pasado... que el árbol ya se había cansado de esperar.
Cuando esa tarde de primavera, un chiquito, de unos 10 años, pasó la cerca! Qué contento se puso el árbol...! Tanto, que escuchen bien lo que pasó:
El chiquito fue a buscar a otro amigo para no estar tan solito. Treparon a una rama que iba para el costado del sol y se quedaron recostados contándose cosas... pequeños secretos de cosas que les gustaría hacer.
El árbol escuchaba todo y se reía con sus hojas alegres. Entonces pensó que sería una linda idea hacer un poquito de magia.
El chiquito que primero había trepado se llamaba Guillermo, el otro Agustín. Guillermo le contó a Agustín que él quería poder ganar muchas veces a las bolitas para que Jorge no se riera más de él en el colegio, y así Carlota se haría su amiga.
Al día siguiente misteriosamente, Guillermo ganó en todos los recreos a las bolitas y Carlota le dijo que lo había hecho muy bien y le regaló una bolita preciosa. Guillermo estaba muy contento y guardó esa bolita como "la bolita de la buena suerte"
Esa misma tarde, después del cole, fue saltando y cantando de alegría al árbol, a encontrarse con Agustín y le contó todo lo que pasó.
Así, el árbol escuchó todo y estaba muy feliz, ahora se reía muy fuerte con sus ramitas y sus hojas... - La magia funcionó! se dijo el árbol.
Agustín también le contó lo que quería hacer con muchas ganas y fue así como el árbol abuelito se convirtió en el ÁRBOL MÁGICO, el que concedía los sueños.
Escrito por RJ
Un árbol de mango
Mi abuelito es carpintero; con sus manos construye muebles, sillas, mesas y roperos que le encargan los adultos, y con los pedazos de madera que le sobran, en las tardes se pone a fabricar carritos, muñecos, casitas y caballitos para los niños.
Yo vivo cerca de un río, y todas las tardes mi abuelito me lleva ahí para enseñarme a nadar, para jugar a las escondidas o para que me suba a los árboles. A veces él se sube a los árboles conmigo, entonces me enseña los nidos de las aves y a reconocer el canto de los distintos pájaros. También me enseña a bajar con la mano la fruta que nos regala la naturaleza; mi abuelito dice que no debemos tirar la fruta con piedras, por que los árboles sufren cuando los golpean.
Antes tenía mi árbol preferido. Era un árbol de mango que no había crecido mucho, y todas las tardes me subía a jugar con él. En la temporada que tenía fruta, con la mano tomaba cuatro mangos que llevaba a mi casa para compartir con mis papás y mi hermanito.
Uno noche llovió muy fuerte, tan fuerte tan fuerte, que el árbol de mango se cayó. Cuando lo vi me sentí muy triste, y me puse a llorar. Mi abuelito me limpió las lágrimas, y me dijo que no llorara, por que de ese árbol íbamos a aprender muchas cosas, y además, si actuábamos con inteligencia, muy pronto tendríamos muchos árboles de mango.
Ese día nos llevamos una rama, y al día siguiente mi abuelito ya había fabricado con ella un pajarito como los que vivían en el árbol. Con otras ramas me enseñó a construir una casita para muñecas que le regalamos a mis primas, y después con trozos del tronco, hicimos borreguitos, pollos, trompos, palomas, baleros, un carrusel y un asiento de columpio, que mi abuelo colgó con cuerdas de otro árbol para que jugáramos todos sus nietos.
Una tarde que llegué de la escuela, mi abuelito me estaba esperando con una sorpresa. Sin decirme nada, había cultivado varias semillas de mango en unas bolsas negras con tierra, esas semillas crecieron, y ahora teníamos unas hermosas plantitas con largas hojas verdes. Ese día fuimos con toda mi familia al río, para plantar a los hijitos del árbol de mango que la lluvia había tirado.
Ahora el río se ve muy bonito, con muchas plantas de mango, que como yo, van creciendo poco a poco.
Luis Antonio Rincón García
Yo vivo cerca de un río, y todas las tardes mi abuelito me lleva ahí para enseñarme a nadar, para jugar a las escondidas o para que me suba a los árboles. A veces él se sube a los árboles conmigo, entonces me enseña los nidos de las aves y a reconocer el canto de los distintos pájaros. También me enseña a bajar con la mano la fruta que nos regala la naturaleza; mi abuelito dice que no debemos tirar la fruta con piedras, por que los árboles sufren cuando los golpean.
Antes tenía mi árbol preferido. Era un árbol de mango que no había crecido mucho, y todas las tardes me subía a jugar con él. En la temporada que tenía fruta, con la mano tomaba cuatro mangos que llevaba a mi casa para compartir con mis papás y mi hermanito.
Uno noche llovió muy fuerte, tan fuerte tan fuerte, que el árbol de mango se cayó. Cuando lo vi me sentí muy triste, y me puse a llorar. Mi abuelito me limpió las lágrimas, y me dijo que no llorara, por que de ese árbol íbamos a aprender muchas cosas, y además, si actuábamos con inteligencia, muy pronto tendríamos muchos árboles de mango.
Ese día nos llevamos una rama, y al día siguiente mi abuelito ya había fabricado con ella un pajarito como los que vivían en el árbol. Con otras ramas me enseñó a construir una casita para muñecas que le regalamos a mis primas, y después con trozos del tronco, hicimos borreguitos, pollos, trompos, palomas, baleros, un carrusel y un asiento de columpio, que mi abuelo colgó con cuerdas de otro árbol para que jugáramos todos sus nietos.
Una tarde que llegué de la escuela, mi abuelito me estaba esperando con una sorpresa. Sin decirme nada, había cultivado varias semillas de mango en unas bolsas negras con tierra, esas semillas crecieron, y ahora teníamos unas hermosas plantitas con largas hojas verdes. Ese día fuimos con toda mi familia al río, para plantar a los hijitos del árbol de mango que la lluvia había tirado.
Ahora el río se ve muy bonito, con muchas plantas de mango, que como yo, van creciendo poco a poco.
Luis Antonio Rincón García
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